Parecía que el extraño síndrome de Benjamin Button se hubiera apoderado del recinto legislativo. Los pies les colgaban de las bancas y las voces no empuñaban palabras para imponerse con rigor, sino que casi las cantaban con amabilidad y respeto. Por cierto, no eran los legisladores habituales quienes ocupaban sus asientos: eran los niños mediadores de las escuelas primarias de Tucumán, quienes el viernes llevaron su ejemplo a toda la sociedad en el marco del III Parlamento Provincial de Niñas y Niños Mediadores “Constructores de la paz”.
Luego de que las pequeñas Kiara y Keyla Galván explicaron a los presentes en qué consiste la mediación educativa, los chicos acomodaron sus micrófonos para responder las preguntas de las máximas autoridades de la provincia: el vicegobernador (a cargo del Poder Ejecutivo), Miguel Acevedo; el presidente subrogante (a cargo de la Legislatura), Sergio Mansilla; la ministra de Educación, Susana Montaldo, y el vicepresidente primero d ela Cámara -y titular de la comisión de Educación-, Aldo Salomón.
Tras las críticas por el video de los jóvenes de La Libertad Avanza, Catalán apuntó contra la Legislatura: “Es la caja política más grande”“¿Qué les pedirían ustedes, como mediadores, a sus docentes?”, disparó la ministra, generando un murmullo en el público. Las manos no tardaron en levantarse. “Les pediría que creen más espacios para dialogar y seguir resolviendo los problemas pacíficamente”, contestó una niña con voz firme. “Que nos escuchen cuando queremos hablar, porque cuando no lo hacen perdemos confianza en nosotros mismos”, agregó otra alumna.
A su turno, Salomón preguntó cómo trabajaban la mediación en sus instituciones y eligió a Benjamín Salomón. “Trabajamos hablando con calma y escuchando a cada uno”, respondió el estudiante. “Escuchando, respetando y ayudando a resolver los conflictos”, sumó Catalina.
Acevedo también quiso saber: “¿Qué les dirían a sus familias?”. “Yo les pediría que si hay un conflicto lo resolvamos con calma, y que pueden contar conmigo, que soy mediador de mi escuela”, respondió Felipe Escobar, y arrancó aplausos en el recinto.
“Chicos, ustedes están en el lugar ideal para ser mediadores. No hay nada mejor que resolver una diferencia hablando”, les dijo Acevedo mientras bajaba del estrado para estar más cerca de ellos. La ministra Montaldo, por su parte, agradeció el compromiso de los chicos y de sus docentes, y anunció que la próxima semana ingresará un proyecto de ley a la Legislatura para extender la formación en mediación a todos los docentes y alumnos de la provincia.
Palabras “semilla”
La jornada convocó a 160 estudiantes del nivel primario tanto de San Miguel de Tucumán como del interior provincial. Entre ellos estuvo Giovanna Díaz (12 años), del colegio Montserrat, quien definió la vivencia como “una gran experiencia”. Contó que en su institución la mediación se ejercita a diario: “En clases, en los recreos y a veces en horas de tutoría. Nos juntamos en grupo y analizamos cada caso para darle una solución”.
Graneros: entre un planteo trunco en la Legislatura y quejas por la investigación penalDe manera paralela, en el hall central de la Legislatura se realizó una kermés educativa con 16 stands de propuestas artísticas y lúdicas enfocadas en habilidades socioemocionales. Allí, Tomás Pérez Torres y Mateo Lionel Juárez, alumnos secundarios del Instituto General San Martín, explicaron el funcionamiento de su centro de mediación: “Tiene 28 alumnos. Los casos nos llegan por correo electrónico o a veces los chicos se acercan directamente. Es importante que haya centros en todos los colegios porque las redes sociales provocan muchos conflictos que afectan a todo el curso”.
En la provincia ya existen 660 centros de mediación escolar, entre ellos el de la Escuela N° 98 de Alpachiri. Victoria Valdez, alumna de 5° grado, compartió la metáfora con la que trabajan allí: las palabras “semilla”. “Cuando las palabras son buenas, crecen y luego florecen; son palabras como amor, paz y respeto, que actúan como las hojas verdes de un árbol. Pero cuando no son amables, se vuelven marrones y marchitan todo el árbol. Las burlas, por ejemplo, asfixian el alma. Nosotros podemos decidir qué tipo de hojas queremos que tenga nuestro árbol”, concluyó.